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La primera crisis del gobierno de Alejandro Eder

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 27 ene
  • 3 Min. de lectura

Por Miguel Ángel Arango

En la política colombiana es habitual que alcaldes y gobernadores soliciten renuncias protocolarias a sus gabinetes para abrir paso a reacomodos profundos. En el Valle del Cauca, tanto la gobernadora Dilian Francisca Toro como el alcalde de Cali, Alejandro Eder, han optado por una estrategia distinta: cambios graduales, medidos y, en el caso de la capital del departamento, largamente aplazados.

Las condiciones para un remezón amplio en la administración municipal estaban dadas desde hace meses. Sin embargo, el alcalde se resistió. En sus dos primeros años de gobierno, Eder mostró cautela frente a los relevos y privilegió la figura de la rotación interna, una fórmula que no logró corregir los problemas estructurales de su equipo y que terminó por profundizar el desgaste político.

Esa estrategia tuvo un costo. La percepción de solidaridad personal con colaboradores cercanos —trasladados de una dependencia a otra pese a resultados adversos— alimentó la sensación de inmovilismo en una ciudad con altos niveles de inconformidad. El punto de quiebre llegó el fin de semana pasado, cuando la encuesta de Guarumo reveló que la imagen desfavorable del alcalde alcanzó el 66 por ciento.

El lunes, según fuentes cercanas al despacho, Eder revisó a fondo el desempeño de su administración y reconoció la necesidad de un ajuste mayor. Para el momento de cierre de este informe, se daban por seguras las salidas de los secretarios de Seguridad y Movilidad, así como del jefe de Comunicaciones.

Las áreas más sensibles

Las secretarías de Seguridad y Movilidad se habían convertido en los principales factores de deterioro de la imagen del gobierno local. Jairo García y Gustavo Orozco, respectivamente, acumulaban críticas por la falta de resultados y por el desgaste con distintos sectores de la ciudadanía.

La paradoja para la administración es que, pese a tener en ejecución obras por más de un billón de pesos, la ciudad no logra percibir avances claros. Cali está en transformación, insisten desde el gobierno, pero los problemas de movilidad, los cierres viales y la inseguridad cotidiana opacan cualquier logro visible.

En Movilidad, el alcalde designó al coronel retirado Sergio Moncayo, quien venía desempeñándose como subsecretario desde mayo del año pasado. Su nombramiento busca dar continuidad técnica y mayor control operativo en una cartera altamente expuesta al malestar ciudadano.

En Seguridad, el relevo recayó en el coronel retirado Javier Garcés, con más de dos décadas de experiencia en la Fuerza Aérea Colombiana y una trayectoria política que incluye una precandidatura a la Alcaldía de Cali hace dos años. Su llegada marca un giro hacia un enfoque más duro en un contexto de creciente violencia urbana.

El frente de las comunicaciones

El área de Comunicaciones ha sido uno de los puntos más inestables del actual gobierno. Con el nombramiento del comunicador y politólogo Carlos Augusto Albán como nuevo jefe de prensa, la Alcaldía completa su cuarto titular en ese cargo. Albán llega con amplio respaldo del gremio periodístico local, que recibió su designación con buenos comentarios.

En paralelo, la comunicadora Mabel Lara dejó la Secretaría de Desarrollo Económico para asumir como secretaria privada del despacho del alcalde, un movimiento que refuerza el círculo de confianza política y comunicacional de Eder.

Sale del cargo Ossiel Villada, quien había llegado desde el diario El País y permaneció apenas tres meses. La rotación constante en esta oficina refleja las dificultades del gobierno para consolidar un relato coherente frente a la opinión pública.

Reacciones políticas

Los cambios fueron bien recibidos en el Concejo de Cali. La vicepresidenta de la corporación, María del Carmen Londoño, celebró la salida del secretario de Movilidad y advirtió que su permanencia podía haber detonado nuevas tensiones sociales. Cuestionó, además, la persecución a motociclistas y la falta de campañas pedagógicas.

Desde la oposición, el concejal uribista Juan Felipe Murgueitio fue más allá. Señaló que, de estar en el cargo, habría solicitado renuncias protocolarias para ejecutar un cambio integral. A su juicio, el problema del gobierno es estructural y obliga a revisar tanto a los funcionarios como al liderazgo del alcalde.

Una ficha en reserva

En medio de la recomposición administrativa aparece el nombre del abogado Gabriel Velasco, exsenador y actual asesor político del despacho. Con experiencia en el sector empresarial, vínculos sólidos con la élite económica regional y un perfil técnico en asuntos de Estado y seguridad, Velasco podría jugar un papel clave en la nueva etapa del gobierno.

Los movimientos anunciados no cierran la crisis, pero marcan un punto de inflexión. Para Alejandro Eder, el reto ahora no es solo cambiar nombres, sino demostrar que los ajustes se traducen en resultados tangibles para una ciudad que empieza a perder la paciencia.

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