El último vuelo del Hércules que enlutó a Colombia: 70 víctimas y un estruendo que la selva no olvida
- Redacción

- 25 mar
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Por William Loaiza Amador

Corresponsal de Asuntos Militares y Gestión de Crisis
PUERTO LEGUÍZAMO, Colombia — La densa selva del Putumayo, que usualmente solo exhala el vapor del trópico, se ha transformado en un camposanto de metal calcinado. El accidente del avión Hércules de la Fuerza Pública, que cobró la vida de 70 personas, ha dejado una herida abierta en el corazón de las Fuerzas Militares. Mientras las cajas negras son analizadas en laboratorios especializados, el verdadero rompecabezas del horror lo arman los 57 sobrevivientes que, desde sus camillas, desmienten las primeras narrativas institucionales.
"No hubo tiempo de saltar": El fin de un mito
En las horas posteriores al impacto, circularon versiones que sugerían un intento de evacuación controlada. Sin embargo, el soldado Mauricio Peñaranda, sobreviviente del siniestro, es tajante: la falla fue tan repentina que el protocolo fue inexistente.
"Se dice que nos abrieron la compuerta para saltar, pero eso es mentira", relata Peñaranda con la mirada perdida. "Yo solo escuchaba un ruido metálico, un 'traqueo' seco, como si el avión se estuviera rompiendo por dentro. De repente, el suelo ya no estaba bajo nosotros". Su testimonio apunta a una fatiga de material o una falla estructural catastrófica que no dio margen de maniobra a la tripulación.
[Image 1: Una vista aérea que muestra el claro dejado por el impacto en la espesura de la selva amazónica. Se observa el fuselaje fragmentado y columnas de humo blanco emergiendo entre los árboles centenarios.]
El milagro de los diez segundos
Para el soldado Jhony Ortiz, la diferencia entre ser una estadística mortal o un sobreviviente fue un pequeño orificio en el fuselaje retorcido. Ortiz describe una escena de caos absoluto, donde el instinto de supervivencia se impuso sobre el orden militar.
El Atrapamiento: "Tenía la pierna atascada. Había soldados encima mío, me pisoteaban en su desespero por salir", confiesa Ortiz.
La Huida: En medio de la oscuridad y el olor a combustible, divisó un "hueco" entre las latas. Logró arrastrarse hacia afuera segundos antes de que la aeronave estallara. "Si me demoro diez segundos más, hoy no estaría aquí".
[Image 2: Miembros de la Cruz Roja y el Ejército Nacional cargando camillas a través del barro, bajo una lluvia persistente, reflejando la dificultad del terreno para la evacuación.]
Balance de la Tragedia: Voces de los que volvieron a nacer
Testimonio | Punto Clave del Relato | Estado de Salud Actual |
Mauricio Peñaranda | Reportó ruidos metálicos antes del impacto. | Estable, quemaduras faciales. |
Jhony Ortiz | Escapó por un agujero previo a la explosión. | Fractura de brazo y trauma craneal. |
Pobladores | Civiles en motocicletas fueron los primeros rescatistas. | N/A |
La búsqueda de respuestas
Mientras Colombia llora a sus 70 muertos, las preguntas se multiplican en el Hospital Militar de Bogotá. Los restos carbonizados de la cola del avión —lo único reconocible tras la explosión secundaria del material de guerra— son ahora mudos testigos de una falla que la Aeronáutica Civil deberá explicar.
[Image 3: Un primer plano de una sección del ala del Hércules, donde el camuflaje militar está carbonizado, rodeado de pertenencias personales esparcidas en el suelo selvático.]
La última persona desaparecida sigue siendo buscada en la espesura del Putumayo. Para los sobrevivientes, el ruido del "traqueo" metálico seguirá resonando mucho después de que las heridas físicas hayan sanado. "Negra, papito Dios me quiso dar una segunda oportunidad", le dijo Ortiz a su esposa media hora después del accidente. Para otros 70 compañeros, esa oportunidad nunca llegó.




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