El empalme, un examen de madurez institucional
- Redacción

- 30 jun
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El inicio del proceso de empalme entre el gobierno saliente del presidente Gustavo Petro y el entrante de Abelardo De La Espriella no es, bajo ninguna circunstancia, un trámite de oficina ni un simple traspaso de llaves. Es, en la práctica, el primer examen de madurez institucional de una democracia que se enfrenta a una transición marcada por la polarización y por expectativas ciudadanas radicalmente distintas. Este proceso, que acaba de ponerse en marcha, debe leerse como la prueba de fuego de nuestra estabilidad administrativa.
SANTIAGO DE CALI, Colombia — Resulta alentador que, desde el primer momento, los organismos de control —Contraloría y Procuraduría— hayan emitido una directiva conjunta para garantizar que la transición sea transparente, técnica y, sobre todo, responsable. El llamado a entregar actas de gestión claras y estados financieros auditables no debe verse como un gesto de desconfianza hacia quien se va, sino como un blindaje necesario para la administración que llega. En un país donde la desconfianza en lo público ha alcanzado niveles críticos, la transparencia en este relevo es la única herramienta capaz de evitar que la parálisis administrativa afecte al ciudadano de a pie.
Es comprensible que, en el fragor de la política, los sectores que hoy dejan el poder y los que asumen el mando vivan este momento con tensiones. El gobierno que termina ha dejado una huella marcada por apuestas sociales ambiciosas, mientras que el electo ha hecho de la lucha contra la corrupción y la seguridad su bandera. Esa distancia ideológica, lejos de ser un obstáculo para el empalme, debería ser el motor de un ejercicio de fiscalización riguroso. La ciudadanía no necesita un "borrón y cuenta nueva", necesita saber exactamente qué queda en las arcas del Estado, qué proyectos están en riesgo y qué compromisos internacionales o contractuales deben respetarse.
El impacto regional de la transición
Sin embargo, el éxito de este proceso no depende únicamente de la voluntad de las altas cúpulas en Bogotá. El verdadero impacto del empalme se sentirá en las regiones. El Valle del Cauca, por ejemplo, observa con atención cómo se articularán las inversiones nacionales con las necesidades locales.
La directiva de los entes de control que insta a identificar competencias concurrentes es un acierto técnico que busca evitar que la transición se convierta en una excusa para detener la obra pública o la prestación de servicios esenciales. La continuidad del Estado debe estar por encima de los colores políticos.
Rigurosidad técnica frente al revanchismo
Por otro lado, es necesario hacer una advertencia: el empalme no es el escenario para el linchamiento público ni para la espectacularización de los hallazgos. Si bien la transparencia exige que cualquier irregularidad sea denunciada, el uso del proceso de transición como una herramienta de persecución política solo terminaría erosionando aún más la legitimidad de las instituciones.
El país requiere un análisis objetivo, basado en datos y hechos, que permita a la administración de De La Espriella comenzar a gobernar desde el 7 de agosto, no a lamentar herencias ni a buscar culpables de manera permanente.
Para el diario Tu Razón, la invitación a ambos equipos es clara: la rigurosidad técnica debe prevalecer sobre el revanchismo. La ciudadanía, que con su voto ha decidido un cambio de rumbo, tiene derecho a esperar que este relevo se haga con la altura que exige nuestra Constitución. El gobierno que se va tiene el deber ético de entregar la casa en orden; el gobierno que llega, la responsabilidad de recibirla con la prudencia de quien sabe que los recursos del Estado pertenecen a todos los colombianos.
En los próximos días, la opinión pública será el mejor veedor. Estaremos atentos a que las actas de empalme, como lo han ordenado los organismos de control, sean de conocimiento público. La democracia se fortalece cuando sus transiciones son impecables. Si logramos superar este periodo sin sobresaltos institucionales y con la verdad por delante, habremos dado un paso gigante hacia la consolidación de un sistema en el que, independientemente de quién gane las elecciones, el Estado nunca se detiene. El empalme es, en última instancia, el respeto por el ciudadano que espera que el país siga funcionando mañana, pase lo que pase hoy.




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