El despegue tortuoso del tigre
- Redacción

- 6 jul
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(Por: Miguel Ángel Arango)
“No voy a gobernar con los de siempre; daré la oportunidad a los que nunca han estado”. Esa fue una de las grandes promesas de campaña del entonces candidato Abelardo De La Espriella. Con determinación, vetó a los caciques de la política colombiana y su equipo cercano trató con dureza a los jefes tradicionales que intentaron acercarse. Sin embargo, hoy el "Tigre", en sus primeros anuncios presidenciales, parece no honrar su palabra, dándole combustible a la oposición.
El talento en la política es limitado y son pocos los que sobresalen. En su gabinete inicial, el presidente electo ha incluido a excongresistas y reconocidos líderes de la vieja guardia. Este es su primer choque con el electorado: resulta imposible renunciar a los favores de la política tradicional.
De La Espriella ha condenado al Congreso de la República, advirtiendo que no habrá coimas ni privilegios para los padres de la patria. No obstante, que anuncie a un excongresista como Ministro del Interior es una señal contradictoria. Gustavo Petro tuvo en esa cartera a figuras como Juan Fernando Cristo, Luis Fernando Velasco y Armando Benedetti; hombres de gran experiencia legislativa, pero incapaces de lograr las transformaciones sociales prometidas. El presidente saliente los escogió precisamente por su capacidad de interlocución con los legisladores.
Con un discurso, el nuevo jefe de Estado no podrá borrar las mañas del sistema; es imposible no negociar con los políticos si se busca aprobar leyes que, por su naturaleza, agitarán a la oposición.
La segunda parte de este 2026 promete ser compleja. Tendremos un gobierno que intentará corregir los errores de la administración pasada, mientras construye una narrativa para un pueblo que espera soluciones inmediatas. El nuevo mandatario ha vendido la idea de que transformar al país es sencillo. Asegura que en noventa días solucionará la crisis de la salud, tal como Petro prometió acabar con el ELN y silenciar los fusiles. Aquello no ocurrió; la guerra se radicalizó y el Estado perdió el control frente a grupos armados que disputan el territorio por cultivos ilícitos.
La amenaza está viva
Aunque el progresismo fue derrotado el pasado 21 de junio, la amenaza para la democracia sigue latente. El nuevo presidente llega a apagar incendios, una tarea titánica para alguien sin experiencia en la administración pública. Es posible que lleguemos a las elecciones regionales de octubre de 2027 con un país frustrado, al no ver materializadas las ambiciosas promesas de campaña en tan poco tiempo.
Algunos sectores suponen que la izquierda tendrá pocas oportunidades de conquistar espacios de poder en las elecciones locales. Pero hacer oposición es fácil, barato y rentable. Las equivocaciones de Iván Duque dieron pie a una encarnizada oposición que propició la votación histórica que llevó a la izquierda al poder.
Petro, irresponsablemente, entregó subsidios que este nuevo gobierno no podrá sostener debido a la estrechez económica. Abelardo, por ejemplo, no tendrá margen para decretar un reajuste salarial como el del 23% que implementó el gobierno anterior.
El incumplimiento de las promesas de campaña, sumado a la crispación que generará la persecución estatal contra las bandas de narcotraficantes y grupos insurgentes, podría incendiar al país. Irónicamente, el nuevo gobernante, sin proponérselo, podría crear las condiciones sociales y económicas que espera una izquierda sedienta de poder, cuyos jefes aprendieron, en estos cuatro años, a "vivir sabroso".




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