top of page

Colombia, ejemplo de estabilidad política

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 7 jul
  • 3 min de lectura

Por: Diego Rojas Girón


Las elecciones libres y los giros democráticos del país reflejan una madurez institucional que ahora obliga a la reconstrucción de la agenda diplomática y comercial en el escenario internacional.


Colombia ha sido, ante todo, una democracia. Su historia solo se vio interrumpida por el golpe militar del general Gustavo Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953. En aquel momento, en medio de una aguda violencia y un vacío de poder, el Jefe de Estado, Laureano Gómez, debió retirarse de la Presidencia por problemas de salud, encargando el mando a Roberto Urdaneta. Era un secreto a voces que el presidente convaleciente intentó destituir a Rojas Pinilla como comandante de las Fuerzas Armadas; sin embargo, este último contaba con el apoyo de todas las guarniciones militares, lo que dio paso a la dictadura. La Asamblea Nacional Constituyente (ANAC), convocada por el mismo Laureano Gómez, declaró legítima la posesión de Rojas hasta terminar el periodo presidencial en curso, lo que denota una especie de “dictadura consentida”.

Sabemos que luego vino el Frente Nacional hasta el momento actual, marcado por elecciones con virajes de 180°, como la sucesión de Duque a Petro, y ahora de Petro a De La Espriella. En verdad, esto refleja madurez política; por ello, los colombianos pedimos al presidente saliente y al electo reflexionar sobre la responsabilidad que conlleva haber sido ungidos por la confianza de millones de electores.

Las elecciones colombianas se llevaron a cabo libremente, salvo en sectores identificados por la influencia armada de la narcoguerrilla, donde no obedecerlos representa un riesgo vital. No obstante, al final prevaleció una voluntad popular decisoria que repercute en múltiples frentes, comenzando por las relaciones internacionales: desde los países vecinos hasta potencias líderes de la comunidad mundial, como Estados Unidos.

Todo debe encaminarse hacia un mejor trato y respeto en las relaciones diplomáticas, muchas de las cuales deberán ser reconstruidas por el nuevo gobierno. En el ámbito económico, es vital recomponer vínculos como los existentes con Ecuador, golpeados anteriormente por desavenencias entre sus mandatarios, lo que determinó una “guerra de aranceles” que ya ha sido superada tras conocerse el nombre del presidente electo. Con Perú, no hay duda tras la elección de Keiko Sofía Fujimori como presidenta, quien ya ha sido reconocida por gobiernos de diversas tendencias, incluido el de Pedro Sánchez en España.

Las relaciones con la sucesora de hecho de Nicolás Maduro en Venezuela dependen de la orientación que el presidente Donald Trump dicte a Delcy Rodríguez, dada la vigilancia supranacional que se ejerce mientras asume el presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela, Edmundo González Urrutia. Allí existen temas vitales, como la protección a la guerrilla colombiana a instancias del régimen de Maduro. Asimismo, los flujos migratorios de ciudadanos venezolanos agravan la situación social y de inseguridad en la que nos debatimos en Colombia.

El caso de Brasil tendrá una particularidad especial por las coincidencias ideológicas de sus gobiernos actuales, Petro y Lula da Silva. La frontera de 1.645 kilómetros entre Colombia y Brasil está afectada por el tráfico de drogas —al igual que la extensa frontera con Venezuela—, además de la extracción ilícita de minerales, especialmente en áreas protegidas y ríos compartidos. Los problemas de seguridad, los flujos migratorios, el comercio y la inversión no conocen fronteras y han estado ausentes de las políticas estatales, absorbidas totalmente por la búsqueda de una “paz total”.

¿Y Panamá? El solo mencionar la migración y el denominado Tapón del Darién causa escalofríos. Aunque se estima que, dada la política migratoria de Trump, ese tráfico ilegal de seres humanos ha disminuido considerablemente, sigue siendo un lugar aprovechado por el narcotráfico y las mafias de trata de personas.

Indudablemente, hemos dado ejemplo de estabilidad política y no debemos destruirla. En países de América Latina como Venezuela, Perú, Ecuador, Chile y Argentina, la izquierda gobernante fue respetada por sus opositores, quienes acudieron exclusivamente a mecanismos constitucionales y legales. Si la izquierda se desmorona, es porque reemplaza los proyectos de vida institucional por políticas sectarias, discursos de odio y el nombramiento en cargos públicos de personajes mediocres cuyo único mérito es la adhesión ideológica, llegando incluso a suprimir requisitos de idoneidad. De ahí los necesarios replanteamientos que debe asumir la izquierda si desea constituirse en una alternativa seria.

Comentarios


Suscribase a La Razón de Cali

  • White Facebook Icon
bottom of page