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Aviso de incendio

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 19 jun
  • 3 min de lectura

Por: Ángelo Mauricio Victoria Russi




El mundo ya está incendiado desde que Donald Trump regresó a la presidencia de los Estados Unidos. Desde allí impulsa el genocidio contra la nación palestina que presenciamos en vivo y en directo, una barbarie que legitima la guerra entre Rusia y Ucrania, mientras avanza sobre un Irán que ha sabido defenderse y lo ha hecho recular por el momento. En Europa, su alianza es con el sionismo israelí, y en América se articula con los gobiernos cipayos de derecha que han acudido al llamado del «Escudo de las Américas», que no es otra cosa que la reedición de la Doctrina Monroe.

Su última maniobra imperialista en la región es el Hondurasgate, diseñado para afectar los procesos electorales en México, Brasil y Colombia. En nuestro país se ha corroborado su intervención descarada en la elección presidencial: primero, con la inundación masiva de las redes sociales desde el exterior mediante granjas de bots a favor del autodenominado «Tigre»; luego, con el apoyo explícito de Trump a este candidato; y ahora, con la detención de colombianos en EE. UU. por el delito de opinar a favor del progresismo.

Esta andanada fascista —que han prometido ejecutar bajo el verbo «destripar»— se enfilará contra toda la oposición política. De manera que la conflagración la han iniciado ellos, pero el incendio puede evitarse si el pueblo defiende su soberanía y sus derechos mediante el voto popular por Iván Cepeda en la segunda vuelta.

Aviso de incendio (FCE, 2002) es un estudio del filósofo Michael Löwy sobre las tesis de la historia de Walter Benjamin, donde el progreso funciona como un espejismo que conduce a la catástrofe ecológica y social. La estridente puesta en escena de Abelardo De la Espriella alienta el supuesto «rescate» de un país que, en términos económicos, marcha bien y que, en seguridad, no está peor que antes. Sin embargo, su propuesta de progreso se sustenta en la explotación de nuestros recursos naturales y en una inteligencia artificial al servicio de ellos (el gran capital), sin ningún tipo de control estatal. El profesor Daniel Libreros, en un reciente artículo en la revista Raya, recalcó que el programa de la extrema derecha promete menos Estado, más mercado y más guerra, afirmando que:

«(...) plantea desmontar entidades públicas, privatizar empresas estatales, debilitar la JEP, construir megacárceles, fumigar cultivos, impulsar el fracking y alinearse con Trump e Israel. Detrás de la promesa aparece un proyecto de ajuste, impunidad, extractivismo y guerra».

El rumbo a seguir

En las últimas semanas, el presidente Gustavo Petro ha sido enfático al señalar que su principal legado —aquel en el que se condensa toda su política social— consiste en que hoy exista, por primera vez, más clase media que población en condiciones de pobreza. El acceso universal a la educación superior pública, la entrega de tierras en clave de reforma agraria (en cumplimiento del Punto 1 del Acuerdo de Paz de 2026), el bono pensional triplicado, la reforma laboral aprobada contra viento y marea en el Congreso y el salario mínimo vital y móvil son factores decisivos para la movilidad social ascendente.

Gracias a esto, hoy es posible que casi cuatro millones de personas hayan salido de la pobreza monetaria en el país durante el gobierno de Petro. Todo esto a pesar del boicoteo de una oposición aglutinada en la campaña de la extrema derecha —y que, cabe resaltar, no ha sido perfilada ni perseguida, como corresponde a una democracia— y, por supuesto, de los daños autoinfligidos por el propio gobierno.

Es cierto que hubo un exceso de confianza por parte de la campaña progresista, pero debe recordarse que el golpe comenzó el pasado octubre, cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) saboteó la consulta interna de la izquierda. Posteriormente, en marzo, impidieron que Cepeda participara en la consulta interpartidista de la centroizquierda, lo que limitó la capacidad del Pacto Histórico para financiarse a través de la reposición de votos. Mientras tanto, el bloque opositor contó y sigue contando con toda clase de recursos legales e ilegales, tanto nacionales como internacionales. Asimismo, en los últimos quince días previos a la primera vuelta, y no sin sospechas de fraude, lograron revertir la tendencia de todas las encuestas que daban como ganadora a la izquierda.

Ahora, con la segunda vuelta encima, la campaña de Cepeda ha logrado tomar un nuevo aire gracias al apoyo de los jóvenes y a las adhesiones desde el centro político. Esto permite vislumbrar una remontada con cifras que no son imposibles, si se tiene en cuenta que hace cuatro años, en la primera vuelta, la derecha también sumó un mayor porcentaje que la izquierda. Otro ejemplo es el de Perú, donde el candidato alternativo logró remontar casi un 6% para lograr un empate técnico, mientras que aquí la diferencia es de apenas la mitad. El eslogan final, «Me la juego por la vida», nunca ha parecido tan decisivo como hoy.

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