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Wilson Arias: El detective de los baldíos

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 18 ene
  • 4 Min. de lectura

El sindicalista que salvó al SENA y hoy incomoda a los gigantes económicos.

Quienes conocen de cerca al caleño Wilson Arias Castillo saben que su vida ha girado alrededor de tres obsesiones constantes: la política de izquierda, el sindicalismo y la lectura voraz, casi obsesiva. Hoy es reconocido como un referente nacional en temas agrarios y laborales. No en vano lo llaman el detective de los baldíos, un apodo que parece salido de una novela negra, pero que describe con precisión a un senador que rastrea escrituras, cruza archivos y destapa abusos, mientras otros —amparados en el poder— usufructúan tierras del Estado como si fueran botín privado.

Arias es un senador de carácter fuerte, crítico y persistente. Su estilo combina oratoria combativa, investigación minuciosa y una militancia sindical que nunca ha abandonado. Con los sectores populares es cercano y empático; con sus adversarios políticos, frontal y sin concesiones. Sus intereses gravitan en torno a la economía crítica y la defensa del campo colombiano, y sus principales fortalezas están en la organización, la investigación rigurosa y la confrontación discursiva.

Proviene de una familia trabajadora y estudiosa. Su padre, Issacs, repartía la vida entre tijeras y peines como sastre y peluquero, mientras su madre, Isabel, modista, se consolidó como una aguerrida líder social. Sus hermanos también destacaron en la música y en la palabra, forjándose como referentes culturales y sociales en sus comunidades.

Aunque no cuenta con formación universitaria formal, Arias se ha convertido en un investigador compulsivo, más cercano al oficio del sabueso que al del político tradicional. En el Senado suele llegar cargado de carpetas rebosantes de documentos, normas, cifras y citas. Rastrea información, cruza datos y revela aquello que muchos prefieren ocultar, como quien sigue el rastro de la corrupción hasta sus últimas consecuencias.

Su historia está íntimamente ligada al Servicio Nacional de Aprendizaje. Tras ser aprendiz, concursó para el cargo de mensajero. A pesar de obtener el mejor puntaje, fue excluido y solo mediante una batalla jurídica logró su nombramiento. Poco después ejercía como mensajero y, de manera casi insólita, como máximo dirigente sindical de la regional Valle.

Fue protagonista, además, de una de las gestas más decisivas del sindicalismo colombiano: junto a otros compañeros impulsó la ley de iniciativa popular que impidió la desaparición del SENA durante el gobierno de César Gaviria. Gracias a esa movilización, este bastión de la educación pública sobrevivió y se consolidó como espacio de formación para millones de colombianos.

A lo largo de su vida política ha enfrentado amenazas de muerte por su lucha sindical y agraria. Una de las más recordadas ocurrió cuando fue amenazado por las AUC y el Estado le asignó un escolta. Wilson, alto y corpulento, se movilizaba en una pequeña motocicleta Honda C70 roja —ni siquiera de su propiedad— con el guardaespaldas, igual de fornido, sentado atrás. La escena arrancaba sonrisas en el barrio El SENA, aunque el peligro real no estaba en la vía, sino en el costo económico: el apetito del escolta desbordaba con creces el salario del mensajero.

Fiel a una ética democrática, Arias nunca ha estado vinculado a alianzas con grupos guerrilleros. Su trayectoria ha sido la defensa de derechos desde la institucionalidad y la movilización social, sin concesiones a la violencia armada. Ha sido humilde con los humildes —campesinos, obreros y comunidades populares—, pero firme y altivo frente a los poderosos.

En la Comisión Séptima del Senado se ha consolidado como uno de los defensores más férreos de una reforma estructural al sistema de salud, denunciando que el modelo vigente favorece intermediarios privados y desprotege a los pacientes. El Centro Democrático intentó una demanda por pérdida de investidura, pero el Consejo de Estado la rechazó de plano.

Su voz también ha incomodado a los grandes poderes económicos. Denunció que Luis Carlos Sarmiento Angulo, a través de empresas de su grupo, concentra cerca de 13.000 hectáreas en la altillanura, tierras que deberían estar en manos de campesinos pobres. El caso permanece en un limbo jurídico. A Álvaro Uribe Vélez le exigió devolver al Estado el predio El Laguito 2, declarado baldío por la Agencia Nacional de Tierras y finalmente adjudicado a campesinos. No hubo sanciones penales, pero sí un reconocimiento oficial de ocupación indebida. Desde entonces, en el uribismo, a Arias no lo toleran ni en caricaturas.

Faltaría espacio para enumerar todas sus luchas. Hoy, Wilson Arias no solo es reconocido por su voz crítica y su rigurosidad investigativa, sino por un respaldo popular contundente. En la consulta interna del Pacto Histórico del 26 de octubre de 2025 fue uno de los tres senadores más votados, con 171.354 votos, consolidándose como una de las figuras más sólidas de la izquierda colombiana.

Con su voz de luchador y sus carpetas llenas de pruebas, Wilson Arias encarna al político que incomoda, que no se calla y que se planta frente a los gigantes económicos y políticos. Un hombre que, sin títulos universitarios, ha hecho de la investigación, la coherencia y la persistencia su mayor credencial.


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