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TituloUna raqueta que, después de 50 años, se anotó un ‘ace’ en Yawa: El emotivoregreso de Orlando Marín

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 15 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Los terrenos que alguna vez fueron su casa regresaron a él transformados. Donde en los años setenta un muchacho delgado y ágil recorría las canchas del Club San Fernando como recogebolas, hoy se levanta Yawa, el Centro de Ciencia, Arte y Tecnología de Cali. Para Orlando, volver allí no fue solo una visita institucional: fue un reencuentro con su propia historia.

El 9 de diciembre de 2025, Orlando descendió de un bus junto a otros participantes del programa Yawanautas, una iniciativa que busca acercar la ciencia y la tecnología a personas en condición de vulnerabilidad. Para muchos, la jornada representaba una salida educativa. Para él, fue un viaje íntimo al pasado, a un lugar donde aprendió a trabajar, a soñar y a crecer.

Orlando conserva una memoria precisa, especialmente cuando habla de Don Eladio Calero, el hombre que marcó su vida. Fue su mentor y su primer empleador, el entrenador que formó a algunas de las mejores raquetas del tenis caleño.

“Mi maestro y quien primero me dio trabajo en la vida fue don Eladio Calero. Él, sagradamente, vestía boina, camisa, pantaloneta larga, medias y zapatos blancos, y así mismo nos uniformaba a los demás recogebolas”, recuerda.

Apenas bajó del bus, un gran letrero captó su atención: “Los famosos que visitaron el Club San Fernando”. Orlando sonrió y corrigió, casi con picardía: “¡Caray, no! Don Eladio no visitó el club San Fernando, él vivió aquí”. El legendario entrenador, que comenzó como vigilante del club, habitaba literalmente junto a la cancha número uno.

El túnel del tiempo y las leyendas del tenis

Con el porte inconfundible de un deportista, Orlando caminó por el Túnel del Tiempo que conecta el parqueadero público con el moderno edificio de Yawa. En sus muros están marcadas las fechas y las imágenes que narran la transición del antiguo club a un centro de innovación inaugurado en 2024.

Se detuvo ante las fotografías de jugadores que ayudó a formar. Señaló a Álvaro Carlos Jordán y a Juan Sebastián Cabal, de quien dice que “prácticamente nació en el club”, y recordó con orgullo la dupla que Cabal hizo con Robert Farah. Mencionó también a Mauricio Hadad, a quien vio crecer hasta convertirse en la raqueta número 33 del mundo.

“En este espacio vimos nacer y formarse a los tenistas más tesos que haya dado Cali y Colombia”, dijo, con una mezcla de emoción y nostalgia.

La visita fue posible gracias a la organización Samaritanos de la Calle, que acompaña a personas en situación de calle con procesos de atención integral. En Yawa, Orlando conoció la sala de innovación digital con equipos de inteligencia artificial, la sala de captura de movimiento tipo Avatar y el planetario más moderno del país.

Entrenador de tenis de formación, Orlando compartió también una reflexión dura sobre su vida. A los 22 años, el éxito temprano y la falta de carácter lo llevaron por el camino de la rumba y las drogas. Perdió lo que había construido.

“Cada vez es más fácil caer en las drogas y, al mismo tiempo, más difícil rehabilitarse”, dijo. Su mensaje a los jóvenes fue directo: sentirse orgullosos de ser “zanahorios”, no olvidar los valores del hogar.

Sin embargo, regresar a esos terrenos después de cinco décadas le dejó otra enseñanza. “Los tiempos de Dios son perfectos”, afirmó. “Después de 50 años volví a mis terrenos. Fue una tarde inolvidable. Aprendí a dibujar una raqueta de tenis en un computador inteligente. Estuve por primera vez en mi vida en un planetario”.

Hizo una pausa antes de cerrar la idea.

“Esto no lo voy a olvidar jamás. Mi lucha no ha terminado, pero hoy… hoy fui feliz”.

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