Identifican a las tres víctimas del espantoso hechoTres crímenes con un patrón de sevicia extrema, ocurridos en menos de una semana, mantienen en alerta máxima a las autoridades.
- Redacción

- 19 feb
- 2 Min. de lectura

Tres crímenes con un patrón de sevicia extrema, ocurridos en menos de una semana, mantienen en alerta máxima a las autoridades. El hallazgo de restos humanos en una planta de tratamiento y en las riberas del río Cali sugiere una cruenta guerra de bandas criminales.
SANTIAGO DE CALI. — La calma de la capital del Valle se ha visto fracturada por una estela de violencia que parece sacada de las épocas más oscuras del narcotráfico. En apenas siete días, tres hombres han sido decapitados, dejando sus restos esparcidos en puntos estratégicos de la geografía urbana, en lo que expertos consideran un macabro mensaje de control territorial.
El macabro hallazgo en el PTAR
El episodio más reciente y perturbador tuvo lugar este martes en la planta de tratamiento de aguas residuales del norte de la ciudad. Lo que inició como una jornada rutinaria para los operarios de las Empresas Municipales de Cali (Emcali), se transformó en una escena de pesadilla cuando, entre los filtros y residuos, fueron halladas partes humanas.
Entre los restos se encontraban dos cabezas, cuya identificación preliminar ya está en manos de las autoridades. Las víctimas responderían a los nombres de Julio César Gómez y Daniel Vernaza. El reporte de los trabajadores activó de inmediato un despliegue sin precedentes de la Seccional de Investigación Criminal (Sijín) y el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía, quienes lideran las tareas de análisis forense y recolección de material probatorio.
El antecedente de la nevera de icopor
Esta serie de horrores comenzó hace exactamente una semana en las riberas del río Cali. En ese punto, transeúntes alertaron sobre la presencia de una nevera de icopor abandonada. Al inspeccionarla, las autoridades hallaron la cabeza de un hombre, identificado posteriormente solo como Jhon Brayan. Este primer hallazgo fue la señal de alerta de una violencia que se venía gestando en las sombras de las estructuras criminales que operan en la ciudad.
Reacciones: Entre el miedo y la exigencia de control
El impacto político y social no se ha hecho esperar. El alcalde de Cali, Alejandro Eder, y la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, han coincidido en una lectura clara: se trata de una manifestación de violencia sistemática por parte de bandas criminales que buscan generar terror.
Por su parte, el personero distrital, Gerardo Mendoza, ha alzado la voz para exigir resultados inmediatos. Mendoza requirió acciones urgentes de inteligencia que conduzcan al desmantelamiento real de estas estructuras, advirtiendo que la ciudad no puede permitir que la sevicia se convierta en paisaje.
Hipótesis: ¿Guerra de territorios?
Mientras los forenses trabajan en el laboratorio, en las calles la Sijín rastrea cámaras de seguridad y fuentes humanas. La principal hipótesis apunta a una retaliación o "limpieza" interna entre organizaciones dedicadas al microtráfico y la extorsión. El uso de la decapitación y el abandono de restos en lugares públicos (o de alto impacto como el PTAR) son tácticas clásicas para intimidar a bandos rivales y demostrar poder ante las autoridades.
Cali hoy no solo busca los nombres de sus muertos, sino respuestas contundentes que detengan esta barbarie antes de que el río y las alcantarillas sigan devolviendo los restos de una guerra que la ciudad se niega a normalizar.




Comentarios