Crisis tras crisis en Venezuela
- Redacción

- 18 ene
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Venezuela atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia reciente. Quienes celebraron la violación del derecho internacional, la muerte de más de un centenar de personas durante la invasión al país —entre venezolanos, cubanos y colombianos— y la captura ilegal de Nicolás Maduro y su esposa, hoy se enfrentan a una incertidumbre profunda. Nadie parece tener respuestas claras: ¿se mantendrá el régimen chavista?, ¿hasta cuándo llegará la intromisión de los Estados Unidos?, ¿es este el primer paso de un Donald Trump sin límites, sin controles judiciales ni respeto por los tratados internacionales?, ¿qué país será el siguiente en la lista?
Conspiración y traición
Resulta evidente que la operación militar fue técnicamente impecable, pero habría sido imposible sin la conspiración y la traición de sectores internos del propio régimen. Vendieron a su país por miedo, dinero o ambición —no lo sabemos con certeza—, pero el precio lo pagará el pueblo venezolano. Fue ingenuo creer que Estados Unidos invade naciones por “amor a la democracia” y que no cobra luego el favor con décadas de explotación de los recursos de países debilitados. En este caso, no se trataba de cualquier territorio: era la nación con las mayores reservas de petróleo del mundo. La pregunta inevitable es cuánto obtuvieron quienes entregaron su patria a un enemigo aún más voraz.
Cambio de tirano
Millones de venezolanos denunciaron durante años al régimen de Maduro como autoritario, antidemocrático y violador sistemático de los derechos humanos. Sin embargo, la oposición al chavismo fue miope, fragmentada y más preocupada por sus intereses que por construir una alternativa sólida. Esa falta de liderazgo real terminó por conducir a un simple relevo de tiranía: pasaron de un poder cuestionado a otro que desprecia abiertamente a los latinos, que actúa con ínfulas imperiales y que considera el petróleo venezolano como propiedad propia, proclamándolo sin pudor como una oportunidad de negocio para sus aliados.
El “Premio Nobel” de la muerte
La figura de María Corina Machado ha quedado profundamente erosionada. Sus elogios desmedidos y su actitud sumisa frente al presidente estadounidense han manchado su credibilidad. En una visita a Estados Unidos, llegó incluso a obsequiarle a Trump una medalla del Premio Nobel de la Paz, precisamente al mandatario que promovió una intervención armada, causó la muerte de compatriotas venezolanos y violó abiertamente la soberanía del país, mientras anunciaba sin rubor que se quedaría con sus recursos. ¿Puede alguien así representar la esperanza y el futuro de Venezuela?
La sed de poder parece haber llevado a muchos a vender el alma al diablo. En esa lógica se inscribe también la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien actúa como servil pieza del nuevo orden impuesto. Y vuelve a quedar en evidencia la farsa del supuesto presidente democrático, Edmundo González, ausente incluso de los actos oficiales en la Casa Blanca, como si ya nadie lo recordara.
Un país devorado
Una parte importante de la población venezolana mantiene la esperanza de cambios rápidos, de una mejora económica y de la posibilidad de reconstruir su vida. No obstante, lo que se observa hasta ahora es un acto de depredación política, donde algunos dirigentes se comportan como animales salvajes que se disputan una presa llamada Venezuela.
A los hermanos del país vecino, a su pueblo y a quienes dicen liderarlo, solo cabe desearles sabiduría. Dejaron entrar al lobo en su casa, lo recibieron con honores, le entregaron su cama y su sustento, sin advertir aún que podrían convertirse en su próximo alimento.




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