Un ecologista amigo mío, con cierta fama de excéntrico, sostiene que lo único que podría salvar al planeta de la acción humana sería la llegada de un meteoro. Argumenta que, en apenas un parpadeo cósmico, la humanidad pasó de ser una sociedad primitiva a una civilización poderosa y arrogante, centrada en el crecimiento ilimitado y el consumismo, agotando un planeta finito que apenas logra suministrar aire, agua, alimentos y materias primas, en medio de profundas desigualdades